DE TAL MANERA AMÓ DIOS AL MUNDO, QUE DIO A SU ÚNICO HIJO, para que TODO AQUEL QUE EN EL CREE, NO SE PIERDA, MAS TENGA VIDA ETERNA. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por El.
EL QUE EN EL CREE, NO ES CONDENADO; pero el que no cree, ya ha sido condenado...
Y esta es la condenación: que LA LUZ VINO AL MUNDO, Y LOS HOMBRES AMARON MÁS LAS TINIEBLAS QUE LA LUZ, porque sus obras eran malas.
Todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a ella para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios. Juan 3:16-21

21 de mayo de 2010

Nuestra lectura de hoy, viernes 21 de mayo

Nehemías, capítulos 8 al 10

Cada vez que los israelitas tenían paz y abundancia se olvidaban de Dios y le daban la espalda haciendo lo malo y matando a los profetas que les anunciaban que se volvieran al Señor. Y cuando eran afligidos a causa de sus muchos pecados, entonces clamaban a Dios... y El actuaba según Su gran misericordia. Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo, a llenarse de soberbia, a rebelarse haciendo grandes abominaciones contra el Señor.
Con cuánta paciencia los trató Dios y con cuánto amor los corrigió para enseñarles a ser fieles y obedientes a El... (Nehemías 9)

La corrección de Dios es una prueba de Su amor.
No menospreciemos Su disciplina, ni desmayemos cuando somos reprendidos por El. Porque el Señor al que ama, disciplina, y corrige a todo el que recibe por hijo. Nos corrige para nuestro provecho, para hacernos santos como El.
Ninguna disciplina es agradable en el momento de recibirla, sino que duele; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados. (Hebreos 12:5-6, 10-11)

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